¿Dónde han aparecido los squishys en la cultura pop?

Sobre todo en internet: en videos de colección y unboxing, en ASMR, en el video corto de TikTok y Reels, en los escritorios de oficina como juguete antiestrés y en las tiendas y ferias de cultura japonesa. Lo que no existe es una "aparición fundacional" con fecha exacta y autor conocido: quien te la cuente con esa precisión probablemente la está inventando.

Su hábitat natural es el video, no la pantalla grande

Si buscas al squishy en el cine o en las series, vas a encontrar poco. Su carrera pública ocurrió casi entera en plataformas de video hechas por usuarios, y eso tiene una explicación bastante concreta: el squishy es un objeto que no se entiende con una foto. Una imagen fija de una barra de mantequilla de espuma no comunica nada. El video de tres segundos donde un dedo la hunde y la marca se queda ahí antes de subir sí lo comunica todo.

Por eso creció donde el formato lo favorecía. Primero en videos largos de colección y "muéstrame lo que compraste", donde la gracia era la cantidad y la variedad. Después, cuando el video vertical corto se volvió dominante, el squishy encontró su formato ideal: un solo gesto, repetible, satisfactorio, que funciona sin explicación ni idioma. Se ve, se entiende y se comparte. Pocos objetos están tan bien diseñados —sin proponérselo— para ese ecosistema.

El ASMR lo convirtió en objeto de sonido

Un giro interesante es que el squishy dejó de ser solo algo que se mira y pasó a ser algo que se escucha. Los videos ASMR le sacaron partido a algo que los dueños ya conocían pero nadie había puesto en primer plano: el sonido del aire saliendo de la espuma al comprimirla y el crujido suave del acabado al deformarse.

Con micrófono cerca, esos sonidos se vuelven el contenido en sí mismo. A muchas personas les resultan relajantes, y a otras no les hacen absolutamente nada; ambas reacciones son normales y no hay motivo para forzar la propia. Vale aclarar que el ASMR es un fenómeno de experiencia personal y no un tratamiento: si estás lidiando con ansiedad o insomnio de manera sostenida, esto puede acompañarte, pero no reemplaza a un profesional de salud mental.

Del cuarto al escritorio de trabajo

La segunda vida cultural del squishy fue laboral. En algún punto dejó de leerse solo como objeto de colección adolescente y empezó a aparecer en escritorios de oficina junto a los demás juguetes antiestrés: las pelotas de goma, los cubos con botones, los aros magnéticos.

Ese salto le cambió el significado. En el escritorio no es una pieza de colección que se guarda: es una herramienta que se agarra sin mirar mientras piensas, mientras esperas que cargue algo o mientras aguantas una reunión larga. A mucha gente le funciona para bajar tensión en las manos y para tener dónde poner la inquietud, aunque conviene decirlo con prudencia: es un apoyo, no una solución, y si tienes dolor persistente en manos o muñecas eso lo evalúa un especialista, no un juguete.

Tiendas de anime, ferias y estética kawaii

En el Perú, buena parte de la gente vio su primer squishy en el mismo lugar: una tienda o un stand de anime, manga y cultura japonesa, con esa estética kawaii de colores suaves, formas redondeadas y caritas sonrientes. Los squishys de comida encajan perfecto en ese universo visual y por eso comparten vitrina con llaveros, peluches y figuras.

De ahí se movieron a las ferias y convenciones, donde el vendedor puede hacer justamente lo que la foto no logra: ponerte la pieza en la mano y dejar que la aprietes. Esa demostración en vivo es probablemente el mejor comercial que ha tenido el producto, y explica por qué el squishy se vende mucho mejor de mano en mano que en un catálogo estático.

Lo que se repite en internet y no está comprobado

Al escribir sobre esto uno se topa con mucha afirmación redonda y ninguna fuente. Estas son las que conviene tomar con pinzas:

  • "Se inventaron en tal año, por tal persona." No hay una fecha ni un inventor documentado de manera confiable para el squishy tal como lo conocemos hoy.
  • "Explotaron gracias a tal video viral." Se citan videos distintos según la fuente, y ninguno de esos relatos se puede verificar.
  • "El mercado mundial mueve X millones." Las cifras que circulan salen de informes que casi nunca se enlazan y que rara vez definen qué están contando.
  • "Fueron prohibidos en tal país." Ha habido retiros y advertencias de productos específicos en distintos lugares, pero eso no equivale a una prohibición general del juguete.
  • "Aparecieron en tal película o serie." Se mencionan títulos de oído, sin escena ni referencia concreta.

Preferimos decir que no lo sabemos. Lo que sí se puede sostener es lo general: origen ligado a la cultura de juguetes y coleccionables kawaii de Japón, difusión masiva por video en internet y consolidación como objeto de escritorio.

Por qué siempre son comida

Queda una pregunta bonita: ¿por qué la enorme mayoría de squishys imitan comida? Pan, tortas, frutas, helados, sushi, mantequilla. Hay al menos dos razones plausibles, aunque nadie las haya medido.

La primera es visual: la comida ya tiene, en la vida real, la textura que uno espera de un squishy. Un pan se hunde y vuelve; una barra de mantequilla cede al cuchillo. La espuma slow-rise imita ese comportamiento de manera casi perfecta, así que la forma y el material coinciden. La segunda es cultural: la comida imitada en materiales duraderos tiene tradición larga en Japón, donde las réplicas de platos en las vitrinas de los restaurantes son parte del paisaje. El squishy de comida se apoya en un lenguaje visual que ya estaba ahí.

Con eso a la vista, no sorprende que la mantequilla funcione tan bien: es la forma más simple posible —un bloque— y aun así la más satisfactoria de hundir. Si quieres probar la sensación sin comprar nada, está en la sala para apretar squishys; y si ya te ganó, los dos tamaños están en el catálogo, 14 cm a S/ 14 y 24 cm a S/ 27.

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