¿Puedo vender squishys entre mis compañeros de trabajo?

Puedes, pero es el escenario donde más criterio necesitas. La oficina no es un mercado: hay jerarquías, reglamentos internos y relaciones que te conviene cuidar mucho más que una venta de S/ 27. Si revisas las reglas de tu empresa, eliges bien el momento y ofreces una sola vez, funciona; si lo conviertes en tu tema de todos los días, se vuelve un problema.

Lo primero es el reglamento, no el discurso de venta

Muchas empresas tienen algo escrito sobre actividad comercial entre trabajadores, y no siempre está donde uno lo buscaría. Puede aparecer en el reglamento interno de trabajo, en el código de conducta, en la política de conflicto de intereses o incluso en el contrato que firmaste sin leer con lupa.

Léelo antes de ofrecer nada. Lo que varía de una empresa a otra es bastante: algunas lo prohíben del todo, otras lo permiten fuera del horario laboral, y en varias simplemente no está regulado y queda a criterio del jefe directo. Si tu caso no está claro o la política es ambigua, lo prudente es consultarlo con Recursos Humanos antes que después, y asesorarte formalmente si tu venta empieza a crecer y a generar ingresos regulares.

Hay dos líneas que no deberías cruzar aunque el reglamento no las mencione. La primera: no uses recursos de la empresa. Ni el correo corporativo, ni la impresora para tus etiquetas, ni el almacén para guardar cajas, ni la dirección de la oficina como punto de entrega sin autorización. La segunda: no vendas en horario productivo. Un mensaje a las 11 de la mañana en el chat del área es exactamente lo que hace que alguien se queje.

Quién sí y quién definitivamente no

En un colegio o una universidad todos están al mismo nivel. En una oficina no, y esa diferencia lo cambia todo. Vender hacia arriba o hacia abajo en la jerarquía carga la interacción con un peso que no quieres.

  • Compañeros de tu mismo nivel: sin problema. Es una conversación entre pares y un «no» sale barato para ambos.
  • Tu jefe directo: mejor no ofrecer. Si él pregunta por iniciativa propia, adelante; si tú ofreces, lo pones en una posición incómoda donde decir que no le cuesta.
  • Personas a tu cargo: el caso más delicado. Aunque tu intención sea buena, alguien que te reporta puede sentir que negarse tiene costo. Evítalo.
  • Clientes o proveedores de la empresa: no. Ahí sí entras en terreno de conflicto de intereses, y eso puede tener consecuencias laborales reales.
  • Personal de otras áreas: bien, siempre que sea en espacios comunes y fuera de horario de trabajo.

Dónde y cuándo, sin que se sienta invasivo

El canal importa tanto como el mensaje. Estas son las diferencias que en la práctica deciden si tu venta se lee como algo simpático o como spam:

SituaciónRecomendación
Chat del área o grupo de trabajoNo. Es un canal laboral y todos lo leen obligados.
Grupo informal de la oficina (el de los memes)Sí, una vez. Ese grupo existe justamente para eso.
Mensaje directo a alguien con quien ya tienes confianzaSí, sin insistir después.
Hora de almuerzo o pausa de caféEl mejor momento. Nadie está interrumpiendo su trabajo.
Reunión, llamada o sala de juntasNunca.
Correo corporativoNunca. Queda registrado y se lee como uso indebido.

La forma que mejor funciona en una oficina

No vendas: usa. Ten tu squishy sobre el escritorio y apriétalo cuando estés pensando. En una oficina, un objeto raro sobre la mesa genera preguntas solo. Y una venta que arranca con «¿qué es eso?» tiene una conversión completamente distinta a una que arranca contigo ofreciendo.

Cuando pregunten, la respuesta más efectiva es corta y honesta: qué es, cómo se siente, para qué lo usas tú. Pásaselo. Deja que lo aprieten y que vean cómo vuelve despacio. Si preguntan el precio, ahí recién das los números y ofreces coordinar por WhatsApp fuera del horario.

Un contexto que funciona especialmente bien en oficinas peruanas es el del regalo: cumpleaños del área, amigo secreto de fin de año, el detalle para la hija de alguien. Vendido como regalo, el squishy deja de ser un gasto personal y pasa a resolver un problema que la persona ya tenía. Si te preguntan qué tamaño conviene, mándales las ideas de regalo y deja que decidan solos.

Los errores que arruinan esto

  1. Insistir con quien ya dijo que no. En la oficina te vas a cruzar con esa persona todos los días durante años. Una venta no vale eso.
  2. Fiar sin acuerdo claro. «Me pagas el viernes» entre compañeros termina en un cobro incómodo que envenena la relación. Cobra al entregar, por Yape, y listo.
  3. Convertirlo en tu tema. Si cada conversación deriva en tus squishys, la gente empieza a evitarte. Ofrece una vez y desaparece del tema.
  4. Prometer fechas que no controlas. No digas «mañana lo tienes» si tu stock viene por pedido. Los lotes por mayor tardan 22 días hábiles, y si tu envío va por Shalom u Olva los plazos los confirma la agencia, no tú.
  5. Hablar de plata en horario. Coordinar montos y transferencias en pleno turno es lo que hace que un supervisor tenga que intervenir.

Cuánto llevar y qué esperar en números

Con una o dos unidades sobre el escritorio tienes suficiente. La oficina no es un canal de volumen: es un canal de baja fricción y recompra lenta, donde te compran porque te conocen.

A modo referencial, y sin que esto sea una promesa de ganancia: comprando por mayor el de 14 cm sale S/ 9 desde 5 unidades y el de 24 cm S/ 20 desde 3 unidades. Si revendes a S/ 14 y S/ 27, el margen ronda los S/ 5 y S/ 7 por unidad. Cuánto vendas realmente depende del tamaño de tu oficina, de la época del año y de tu propio criterio para no saturar.

Un pedido chico —de 5 a 10 unidades— es más que suficiente para probar el terreno sin arriesgar demasiado. Puedes calcular tu inversión exacta antes de comprometer un sol en la sección por mayor, y si te queda alguna duda sobre pagos, envíos o cuidados del producto, está resuelta en las preguntas frecuentes.

¿Listo para revender squishys? 🧈

Precio por mayor desde S/ 9 y pedido por WhatsApp.

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